domingo, 13 de abril de 2014

Bebidas aptas para diabéticos. ¿Cuál es la más recomendable?

Es un error prohibir sistemáticamente el vino: éste puede autorizarse, en cantidades modera­das y bien determinadas (de 400 a 500 gramos al día, fraccionados entre las distintas comidas). Es preciso, en cambio, escoger con prudencia la cua­lidad del vino: deben excluirse los vinos dul­ces, siendo preferibles los vinos secos, casi exen­tos de substancias azucaradas.

Visto en: http://remediosparaladiabetes.net/

Por consiguiente, son excelentes los vinos tin­tos, como el Rioja, por su débil proporción de azúcar y de hidratos de carbono, y otros que con­tienen únicamente un 1-2 % de azúcar; puede to­lerarse pequeñas proporciones de coñac. Están prohibidos por su alto contenido en azúcar, los vinos preparados y de postre (Marsala, Málaga, Moscatel, Malvasía, Mistelas, Vermut, Madera, Oporto, vinos de Grecia, etc.).

Es menos aconsejable la utilización de la cer­veza, que contiene de un 3 % a un 7 % de azú­car (maltosa); deberá prohibirse a los diabéti­cos graves (con un vaso de un cuarto de litro se introducen de 12 a 18 gramos de azúcar) y auto­rizarse con moderación a los diabéticos de gra­do medio o leve (no más de un cuarto de litro al día).

El vino, como todas las restantes bebidas al­cohólicas, deberá prohibirse en las formas de dia­betes acompañadas de graves alteraciones hepá­ticas o renales o bien de trastornos cardiovascu­lares de cierta importancia. En los demás casos, sobre todo si se trata de sujetos que habitual­mente comen y beben en abundancia, no existe razón alguna para que se excluya de la alimen­tación. En cantidades moderadas, presenta mu­chas ventajas: satisface la necesidad de calorías sin agravar los trastornos fundamentales del me­tabolismo; por su poder diurético, favorece la eli­minación de las escorias tóxicas; con su poder tonificante, mantiene las fuerzas del enfermo y aumenta la sensación de bienestar; estimula el proceso de la combustión del azúcar que el orga­nismo no es capaz de utilizar; facilita la diges­tión de las grasas, y posee, finalmente, una ac­ción antiacetónica.

También pueden autorizarse los licores de alta graduación alcohólica, en pequeñas cantida­des. No obstante, es preciso limitarse a los lico­res secos: ginebra, aguardiente, coñac, ron, ad­ministrados, en los casos oportunos, con mucha moderación. Deben excluirse los vinos y licores dulces por su elevado contenido en azúcar.

El empleo moderado de café y té puede auto­rizarse, a no ser que no esté contraindicado co­mo consecuencia de especiales condiciones del sistema neurovegetativo o del aparato cardio­vascular del enfermo. El café resulta muy bene­ficioso para los diabéticos porque atenúa su ca­racterística astenia y favorece al mismo tiempo una buena diuresis. Podrá edulcorarse con una pequeña cantidad de azúcar común o bien con sa­carina u otros edulcorantes sintéticos, en caso de que el paciente consuma café en abundancia o bien cuando sea necesaria una reducción drás­tica de los hidratos de carbono.


Entre las bebidas, son excelentes los zumos de fruta y las bebidas preparadas con zumo fres­co de limón o de naranja.